La Casa Verde de Caracas: la terquedad de construir autonomía

La locura y la terquedad de construir autonomía mientras transformamos el mundo

Por Liz Guaramato

Desde el año 2006 existe en Caracas el Ateneo Popular, espacio autogestionado dedicado a promover intercambios y actividades en torno a alternativas de vida colectivas y comunitarias. Quienes lo habitamos nos enfocamos en la transformación de nuestro estilo de vida, donde lo común atraviesa nuestra cotidianidad.

Sin jefes, creamos continuamente nuestro modelo de gestión y convivencia a partir de acuerdos colectivos que se construyen en nuestras reuniones semanales. 8 personas nos rotamos todas las tareas de mantenimiento de la casa y las responsabilidades políticas y formativas que asumimos como colectivo. Además ofrecemos servicio de hospedaje y contamos con amplios espacios multiusos que están al servicio de movimientos sociales y las comunidades próximas.

En 2019 estamos reimpulsando el proyecto de Casa Verde como propuesta de transición hacia un modelo de casa sostenible con posibilidad de producción de alimentos, reutilización de recursos y desarrollo de tecnologías alternativas.

Alternativas al modo de vida rentista

Las ciudades, donde vive la mayoría de la población venezolana, requieren estrategias populares para enfrentar los desafíos actuales y futuros. Esta necesidad se nos hace más urgente ante el bloqueo económico y financiero que enfrenta Venezuela y el colapso del modelo rentista que nos ha privado de la satisfacción de necesidades básicas en nuestra vida cotidiana y ha venido promoviendo prácticas individualistas y egoístas. Este escenario se intensificó durante los primeros meses de 2019 con la crisis eléctrica que viene viviendo el país, junto a la escasez de agua y crisis general de los principales servicios.

Vivir en la ciudad normalmente significa dependencia de los servicios (agua, electricidad, gas, etc.) y alimentos que producen otros, usualmente bajo un modelo altamente industrializado y centralizado. Este modo de vida también implica que cada uno de nuestros hogares se engranen en un modelo con impacto ambiental muy alto (del cual somos muy poco conscientes), con elevados costos para la economía y la salud de la población general.

Es por ello que en distintas ciudades del mundo se vienen ensayando alternativas de vida cada vez más desconectadas de estas redes centrales urbanas, buscando la gestión autónoma de buena parte de los alimentos, agua y energía que requerimos para vivir. Esto implica tomar conciencia del flujo energético, concibiendo el espacio de nuestra casa Ateneo Popular como una unidad eco-sistémica. Para ello estamos estudiando la dinámica de su metabolismo interno y así poder aprovechar al máximo la energía entrante y potenciar la energía que producimos.

Desde hace varios años estamos implementando algunas prácticas agroecológicas que nos han permitido tener un huerto de plantas alimenticias y medicinales en nuestra propia casa, con abono producido con los desechos de la cocina.

Ahora nos resulta vital compartir esta experiencia e intercambiar otros saberes con comunidades y organizaciones interesadas en co-crear alternativas de vida. En función de eso inauguramos dos espacios regulares de trabajo: el Taller Permanente de Agroecología en nuestro huerto y el Laboratorio de Tecnologías Sustentables como espacio para conocer y experimentar formas de optimización del uso de luz solar, del viento, los desechos, formas de producción de gas casero (biodigestor), formas de transformación y procesamiento de alimentos, bioconstrucción (materiales naturales para albañilería), para promover el aprovechamiento de estas herramientas por parte de la comunidad y así enfrentar la crisis con soluciones más accesibles.

Ante la obsolescencia calculada que nos pretende hacer descartables, nos proponemos un laboratorio abierto donde podamos desarrollar herramientas de autosuficiencia popular tales como bicimáquinas, hornos y cocinas solares, calentadores de agua solares, deshidratadores solares, sanitarios secos, cocina ecológica, biodigestor casero, compost, bombas de semillas, purificadores o filtros de agua naturales, ecoladrillos, bioalbañilería (frisos, pinturas y murales naturales), etc.

El desafío de convivir en el Lado B

La mayor parte de nuestra existencia transcurre en el Lado A, bajo las convenciones de la modernidad, el capitalismo y el patriarcado. Quienes se niegan a pasarse la vida siendo un engranaje más del sistema, buscan y encuentran maneras de lanzarse a lo desconocido. Los portales hacia el Lado B nos llevan más allá de todo lo que somos capaces de imaginar y planear.

Muchas personas me han expresado sus temores y resistencias ante la posibilidad de vivir en una casa colectiva. Yo también los tenía. Pero da más miedo quedarse en el Lado A, aislades en torno a trabajos cada vez más precarizados y estilos de vida altamente dependientes.

Nuestro modelo de gestión y convivencia se organiza por turnos. Cada día de la semana hay una o dos personas responsables de realizar todas las tareas de mantenimiento y atención de la casa, lo que implica limpiar áreas comunes, cocinar, atender a las perras, cuidar el huerto y atender las actividades que se realicen. Todas las tareas son rotativas sin distinción de género o edad (el menor de nosotros tiene 13 y el mayor 45 años). La dinámica de turnos y todo lo que tiene que ver con nuestro funcionamiento colectivo lo acordamos y revisamos continuamente en nuestras reuniones semanales. La metodología del espacio de reuniones es una construcción colectiva constante.

No es fácil lo que nos proponemos, y por eso es más sabroso descubrirnos capaces de lograrlo. Vivimos tiempos revueltos y acelerados que nos desafían a reinventarnos a todos los niveles. Aprendemos haciendo. Para ello hay que confrontar las propias sombras: la flojera, el ego, entre muchas otras. Y sobre todo, ponerse de acuerdo.

Es una comunidad llena de luces y sombras como cualquier otra. Además, nuestra vida caraqueña se encuentra atravesada por unos niveles de caos y colapso general que nos abruma y ha aumentado el tiempo que pasamos en casa, llegando a la hiperconvivencia. Nuestras sombras se hacen demasiado visibles, como un gran juego de espejos que nos desnuda. Vamos liberando ropajes en medio del apagón, de la falta de agua, de las dificultades para alimentarnos a nosotres y a las perras. Nos ha tocado aceptar e integrar depresiones, ataques de ira, enfermedades de todo tipo. Karina, una de las compañeras con más tiempo en la casa, les llama “experiencias pedagógicas radicales”.

Esas experiencias de alto impacto nos transforman individual y colectivamente y nos llevan a reconocer la trascendencia política de las relaciones humanas, asumiendo posturas radicales con respecto al amor, la amistad y la solidaridad. La vida es un milagro y es nuestro deber biológico y político cuidarla y venerarla. Por ello nos reconocemos como una comunidad de afectos. Sin esta base es muy difícil el tránsito hacia la Casa Verde como apuesta profunda ya que requiere transformar hábitos muy arraigados y naturalizados.

De igual forma, sería muy difícil lograr la rotatividad de las tareas de mantenimiento de la casa -incluyendo el cuidado de todes les seres que la habitamos: personas, perras, huerto- sin remover la programación patriarcal y occidental que hace que, por ejemplo, sea recurrente que los compañeros varones tiendan a asumir que las tareas domésticas son irrelevantes y por tanto siempre van a tener otras tareas más “importantes” o “urgentes” para hacer. Esa resistencia inclusive se manifiesta en síntomas físicos y hemos visto como el día que les toca turno algunos compañeros varones se enferman o les pasan cosas imprevistas que les impiden limpiar a profundidad la casa y preparar los alimentos. Estas reflexiones las vamos haciendo en nuestras reuniones semanales, en diálogos descarnados que no siempre salen bien pero donde vamos ejercitando autenticidad, honestidad y respeto.

Se puede decir que estamos ante un momento de inflexión en la militancia venezolana. En muchos espacios autónomos que seguimos activos en medio de la tempestad y del repliegue de tantes compañeres hemos tenido que cuestionarnos y replantearnos muchos dogmas de la izquierda tradicional urbana, por ejemplo la distinción entre militancia y estilo de vida. En un contexto como el nuestro es muy difícil seguir sosteniendo esa separación, a menos que sacrifiques tu salud y tu bienestar o dejes de militar.

Esto implica, entre otras cosas, prestar mayor atención a las micropolíticas y a los aprendizajes desde la propia experiencia y no desde fórmulas externas. Ir creando maneras para que la comunidad que sostenemos también nos sostenga, mientras vamos despertando nuestro potencial y creando la mejor versión de nosotres mismes. La sola idea de sacrificio o de mártir tan idealizada por la izquierda tradicional nos enviaría de nuevo al Lado A. Para permanecer en el Lado B practicamos el co-cuidado en nuestros espacios, disfrutando y gozando del trabajo compartido.

La fuerza creativa del Lado B nace en la alegría del corazón.

Decálogo de un habitante del Lado B

1. Si digo que voy hacer algo, lo hago. La palabra es lo que tenemos, hay que honrarla y respetarla.

2. Todo lo que hago afecta al colectivo. El otro o la otra es una dimensión de nosotres mismes.

3. Tratar siempre de ser mejores personas de lo que somos y empezar primero el cambio en une misme.

4. Hacer del trabajo un disfrute, desde el deseo y no desde la obligación. Se trata de crear un espacio de liberación y no de opresión. Equilibrar la rotación permanente de tareas con los intereses y necesidades particulares. Si no se siente equidad en el reparto de responsabilidades la sobrecarga de algunes puede quebrar la posibilidad de coexistencia.

5. Aceptar la diversidad porque nos enriquece. Estudien juntes el eneagrama.

6. Ayudarnos entre nosotres porque la transformación del estilo de vida requiere procesos de cambio profundos. Practicar la compasión, la benevolencia y la escucha activa. La revolución es un acto de fe. Fe en nosotres, en lo común y en el amor.

7. Integrar los conflictos y la crisis como situaciones de aprendizaje. Ejercitar la comunicación, desde la claridad y el amor. Mantenernos atentes a lo que piensan y sienten les otres. Respetar las ideas del compañere aunque no estemos de acuerdo.

8. Fortalecer nuestra economía para que el espacio sea sostenible. Procurar la transparencia en todos los procesos administrativos.

9. Debe haber claridad en los acuerdos, ser lo más específicos que sea posible. No suponer, hacer explícito lo que esperamos del colectivo y aclarar cualquier duda que tengamos sobre nuestras responsabilidades. Llevar registro sistemático de las reuniones.

10. Reconocer el arte, la espiritualidad y la fiesta como dimensiones importantes de nuestras vidas y nuestra comunidad.

Marzo 2019

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